El Poder Civil y la figura de los gobernantes

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El Poder Civil y la figura de los gobernantes

“Pues, si hemos demostrado que el poder público se constituye por derecho natural, y el derecho natural reconoce por autor sólo a Dios, queda claro que el poder público tiene su origen en Dios y que no se contiene en la condición humana ni en ningún derecho positivo (…) Por lo cual también Pablo aconseja: Quien resiste a la autoridad, resiste a la disposición de Dios”

Toda práctica humana debiera llevarnos al bien común, esto porque entendiendo que los hombres tenemos iguales derechos en nuestra calidad de hijos de Dios, tendríamos que gozar de salud social en el sentido de una convivencia pública que reúna y respete las necesidades de todos. Ahora bien, el bien común como tal necesariamente debe nacer de todos los sujetos, y claro está, no debería el ser humano tener dificultad para practicarlo, pero organizarlo es una tarea que recae sólo en algunos sujetos y no en todos. Vitoria enuncia por una parte que “Sin la vida compartida todas las virtudes mueren”, pero por otra parte, alude a la lógica que indica la necesidad de uno o varios sujetos que lideren y distribuyan todo lo creado.

La potestad entonces no solo radica en la calidad humana de los sujetos, que como hombres y únicos seres practicantes de razón en el mundo, pueden dominar y acceder a todo lo que existe en el mundo, sino que originalmente en un mandato de Dios.

Entendemos a sí que Dios da al hombre el privilegio de gozar de la creación, mas, los líderes que asumiendo este mismo principio, gobiernan desde

Dios, necesariamente han de ser coherentes o proporcionales al pueblo que gobiernan.

Toda república o gobierno autoritario tendrá como cabeza o cabezas a sujetos que efectivamente puedan ejercer su poder de manera adecuada, si no es así, entonces los gobernados no son impunes.

Hoy no podríamos hacer común una reflexión política o de estado considerando exclusivamente los postulados cristianos o los preceptos que sujetos ligados a esta doctrina asumieron por ley en otro minuto de la humanidad, sin embargo, la necesidad de bienestar global, sin contemplar credo, es un derecho general. El sólo hecho de ser sujetos nos debería permitir acceder a condiciones básicas. Sin embargo, no podríamos pensar en establecer un orden político o público sin líderes, incluso desde la mirada que propone al pueblo como gobernante.

Ahora bien, por ningún motivo tendrá que subentenderse que los gobernantes son ajenos a sus súbditos, las posiciones de liderazgo no son casuales, permanecen, se mantienen y reproducen porque así lo permite la humanidad. La calidad de los sujetos y los estilos de gobierno en ocasiones no se escogen de manera directa, a pesar de ello, si perviven, es porque no manifestamos desacuerdo y permitimos que permanezcan, no lo impedimos ni siquiera ideológicamente.

Según de Vitoria, los hombres debemos asumir incluso los errores de nuestros gobernantes, yeso que parece poco considerado con el sentido de la multitud, entendiendo que yo en tanto hombre no debería hacerme cargo de aquello que no realiza positivamente otro hombre, si tiene real sentido cuando comprendemos que quienes asumen poder, ideológica de quienes acatan y permiten, lo hacen desde la sumisión

Hoy muchos podrían manifestar su descontento con el modelo económico imperante, y podrían negarse abiertamente a promover discursivamente sus beneficios, pero podríamos asegurar que el grueso de los disidentes actúa coherentemente con los modelos actuales y desde el sentido del capital, hace uso de sus bienes, compra deliberadamente y por supuesto, actúa desde la propiedad privada.

El enunciado anterior podría entonces resultar una suerte de justificación, es decir, podría resultar una suerte de trampa que indicaría que los malos modelos deben permanecer mientras existan sujetos que los apoyen.

Pero no, la intención es indicar que, entendiendo que no podemos establecer a

Dios como único dador del poder, puesto que el sentido de Dios no es común para todos, al menos podemos dar al ser humano la certeza de su responsabilidad frente a lo que sucede en el espacio público.

Pero si volvemos al inicio de este texto y reanudamos nuestra reflexión sobre el bien común podemos considerar nuevamente las palabras de Vitoria sobre el ejercicio responsable de quienes gobiernan. “y para que la ley divina sea justa y por lo mismo obligatoria, basta la voluntad del legislador, pues la voluntad es razón suficiente. Sin embargo para que la ley humana sea justa y pueda obligar, no es suficiente la voluntad del legislador, sino que es necesario que sea útil a la república y mesurada para los demás”.

Desde aquí entonces es que podemos en la actualidad instalar el diálogo sobre loas virtudes de nuestros sistemas considerando sin problemas la mirada de nuestro autor. La discusión no debe centrarse en los modelos o las políticas por sí mismas, sino en cuanto benefician o perjudican a los hombres y será responsabilidad de los líderes establecer el orden público que más posibilidades y bienestar ofrezca a quienes están a su cargo. La república y el autoritarismo tenían para Vitoria un sentido común y era que desde la diferencia de lógicas de gobierno, ambos se debían a la multitud que bajo esos gobernantes existían.

Resulta interesante entonces, para finalizar, insistir en el poder civil como un derecho, tal como lo dice nuestro autor, pero además hay que insistir en el uso de ese derecho pensando en todos y no en unos pocos.

Estela Socías Muñoz

El poder civil y la figura de los gobernantes

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